La naturalización de la violencia
EL PROBLEMA DE LA FALTA DE LIMITES

Por Lic. Enrique Ojám - Terapeuta de niños/adolescentes

Hace un tiempo, una noticia muy llamativa, la denuncia judicial a un niño por "robarle" a un compañero de colegio un muñeco articulado, puso en evidencia por un lado la constante violencia presente en la niñez y por otro la dificultad de los padres para asumir su rol de autoridad. Afirmar que los chicos, en términos generales, son violentos equivale a decir que es violento el modo en que juegan, que habitualmente se pegan, se insultan, se faltan el respeto, son intolerantes unos con otros y viven en pos de una constante satisfacción inmediata de sus deseos; sin mencionar que tratan como pares a los adultos.

 

Pensemos lo complejo que es el tema que históricamente los niños han jugado a policías y ladrones, han jugado a la guerra y han utilizado armas "de juguete" y nada de esto ocurría. Ahora bien, algo en el medio pasó. Se perdió esa capacidad para que el juego formara parte del ámbito de la fantasía y se transformara en lo más realista posible. En este sentido la tecnología (TV, videojuegos) transforma todo en algo tan real que poco a poco fue desapareciendo esa capacidad para mediatizar el juego a través de la fantasía.
¿Por qué actualmente los niños viven en esta constante violencia? En todas partes, aún en los actos más comunes de la vida cotidiana de los chicos la violencia los rodea. Pensemos en algunas situaciones que muestran/reproducen esta violencia: la televisión tanto en las películas, tiras diarias, noticieros, publicidades y avances de programación; el modo en que los adultos se conducen en su vida cotidiana ante situaciones displacenteras, frustrantes o que no se ajustan a sus expectativas, los gritos e insultos habituales en disputas conyugales, familiares y extrafamiliares; y la violencia social en la que vivimos (inseguridad); etc.
En consecuencia, si la vida cotidiana es violenta, ¿cómo podemos pretender que no sea reproducida por los chicos? Para ellos esta violencia es habitual y natural. En primer lugar debemos tomar conciencia que la violencia se ha instalado entre nosotros desde hace décadas, lentamente y de un modo silencioso. En consecuencia es necesario y urgente comenzar a desnaturalizar esta violencia. Las claves no pasan por prohibir tal o cual programa de televisión, no discutir frente a los chicos o descalificar determinada conducta, sino por el contrario se trata de que los chicos comprendan, "mamen" que eso, a pesar de ser lo más habitual, no es lo más normal.

Si nadie le señala a los chicos qué esta bien y qué esta mal, difícilmente evitemos que la violencia se siga instalando entre nosotros. Con esto nos referimos a la falta de límites, pero no nos referimos únicamente a aquellos que deben establecer los adultos en contacto con los chicos, sino también a aquellos que los chicos deben imponerse a si mismos. Por ejemplo, una situación en donde un niño decide saltar de un juego de un metro y medio de altura sin prever la consecuencia más esperable, salir lastimado; si juega a golpearse con el amiguito prever que lo más probable es que ambos salgan golpeados. La construcción de estos límites se debe dar desde la primera infancia y los primeros "NO" ante la curiosidad del bebé. Es importante destacar que la cuestión de los límites es algo que los padres deben enseñarles a sus hijos, mostrándoles que no todo es posible y que no se pueden satisfacer los deseos las 24 horas. Muchas veces el problema radica que dejando a los chicos hacer lo que quieran, los padres ganan mayor "tranquilidad".
El vacío de límites más que otorgar mayor libertad, desorienta a los chicos. Los límites estructuran y ayudan al niño. Nadie duda en decirle a un bebé que no toque un enchufe o que la obligación de los chicos es ir al colegio. El problema es que muchos otros límites cayeron en terrenos borrosos y poco claros al psicologizarse erróneamente la conducta de los niños. Intentando comprenderla olvidamos enseñar también que en la vida hay derechos y obligaciones y que si el niño hace algo que no debe, no solo hay que entender por qué lo hizo sino que también se le debe señalar lo incorrecto; y así enseñarle que no debe volver a hacerlo. Pues si no, no entenderá que si la maestra le manda deberes, es su obligación hacerlos más allá de que tenga ganas o no, simplemente es su deber; y que si no cumple con su tarea obtendrá una "justa" mala nota. Actualmente se cree que las sanciones son sinónimo de autoritarismo, sin embargo, en su justa medida, resultan un mecanismo útil a la hora de señalar lo correcto de lo incorrecto.
Es importante recordar que los padres no son amigos de sus hijos, ni sus pares. Su rol es educar, formar y ser ejemplo. Cuando el padre dice un "NO" le da al hijo herramientas para su futuro inmediato y al mismo tiempo le ofrece también el "SI" de lo que puede hacer. Los límites deben estar impuestos desde afuera, llámese padres, colegio, club, etc. y de este modo junto al "NO" tiene que haber un espacio para dialogar y explicar al niño el por qué de la inconducta, y así permitirle que pueda construir él mismo sus propios límites a futuro.
El énfasis en la cuestión de los límites es importante porque de ellos depende la aceptación de normas, reglas y pautas que les permitan desempeñarse exitosamente, hoy en la escuela, y el día de mañana en sus trabajos. Sabemos que todo trabajo tiene normas, reglas y pautas de funcionamiento que deben cumplirse -desde el horario hasta los objetivos trazados por la organización-. En consecuencia esta capacidad para autolimitarse es fundamental que sea adquirida de niño, pues de otro modo difícilmente pueda respetar estas reglas en su vida adulta.

En síntesis, las familias, colegios y demás adultos en contacto con los chicos deben asumir sus respectivos roles. Así encontraremos un modo de evitar la naturalización de la violencia, de favorecer el proceso de autoconocimiento y personalización del niño a través de los espacios lúdicos, alentar la expresión de los afectos, contenerlos, orientarlos y ayudarlos a resolver sus conflictos mediante el diálogo, inculcándoles otros valores y fundamentalmente a través del ejemplo, pues estas son las únicas herramientas que los chicos tendrán para triunfar en su vida adulta. Por otro lado, es importante inculcarles la cultura del esfuerzo como medio necesario y legítimo para el logro de sus objetivos, reconocer sus esfuerzos, su honestidad, promover la responsabilidad frente a sus obligaciones y respetar las normas pues esto es y será el mejor legado que les podrán dejar para su vida futura.ø

Acerca del Lic. Enrique Ojám
• Psicólogo de Niños y adolescentes I MN: 26948.
Diploma de Honor de la Facultad de Psicología, UBA.
Investigador formado de la Universidad de Buenos Aires en la problemática de jóvenes.
Profesor Concursado de la Facultad de Psicología, UBA.
Profesor del área de Psicología de la Universidad Nacional de Quilmes.
Autor de Capítulos de libros, Revistas Universitarias y científicas de la especialidad y revistas de divulgación.
Coordinador de talleres sobre violencia escolar y cohesión grupal en diferentes colegios.

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