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Pensemos
lo complejo que es el tema que históricamente los niños
han jugado a policías y ladrones, han jugado a la guerra
y han utilizado armas "de juguete" y nada de esto ocurría.
Ahora bien, algo en el medio pasó. Se perdió esa capacidad
para que el juego formara parte del ámbito de la fantasía
y se transformara en lo más realista posible. En este sentido
la tecnología (TV, videojuegos) transforma todo en algo tan
real que poco a poco fue desapareciendo esa capacidad para mediatizar
el juego a través de la fantasía.
¿Por qué actualmente los niños viven en esta
constante violencia? En todas partes, aún en los actos más
comunes de la vida cotidiana de los chicos la violencia los rodea.
Pensemos en algunas situaciones que muestran/reproducen esta violencia:
la televisión tanto en las películas, tiras diarias,
noticieros, publicidades y avances de programación; el modo
en que los adultos se conducen en su vida cotidiana ante situaciones
displacenteras, frustrantes o que no se ajustan a sus expectativas,
los gritos e insultos habituales en disputas conyugales, familiares
y extrafamiliares; y la violencia social en la que vivimos (inseguridad);
etc.
En consecuencia, si la vida cotidiana es violenta, ¿cómo
podemos pretender que no sea reproducida por los chicos? Para ellos
esta violencia es habitual y natural. En primer lugar debemos tomar
conciencia que la violencia se ha instalado entre nosotros desde
hace décadas, lentamente y de un modo silencioso. En consecuencia
es necesario y urgente comenzar a desnaturalizar esta violencia.
Las claves no pasan por prohibir tal o cual programa de televisión,
no discutir frente a los chicos o descalificar determinada conducta,
sino por el contrario se trata de que los chicos comprendan, "mamen"
que eso, a pesar de ser lo más habitual, no es lo más
normal.
Si nadie le señala a los chicos qué esta bien y qué
esta mal, difícilmente evitemos que la violencia se siga
instalando entre nosotros. Con esto nos referimos a la falta de
límites, pero no nos referimos únicamente a aquellos
que deben establecer los adultos en contacto con los chicos, sino
también a aquellos que los chicos deben imponerse a si mismos.
Por ejemplo, una situación en donde un niño decide
saltar de un juego de un metro y medio de altura sin prever la consecuencia
más esperable, salir lastimado; si juega a golpearse con
el amiguito prever que lo más probable es que ambos salgan
golpeados. La construcción de estos límites se debe
dar desde la primera infancia y los primeros "NO" ante
la curiosidad del bebé. Es importante destacar que la cuestión
de los límites es algo que los padres deben enseñarles
a sus hijos, mostrándoles que no todo es posible y que no
se pueden satisfacer los deseos las 24 horas. Muchas veces el problema
radica que dejando a los chicos hacer lo que quieran, los padres
ganan mayor "tranquilidad".
El vacío de límites más que otorgar mayor libertad,
desorienta a los chicos. Los límites estructuran y ayudan
al niño. Nadie duda en decirle a un bebé que no toque
un enchufe o que la obligación de los chicos es ir al colegio.
El problema es que muchos otros límites cayeron en terrenos
borrosos y poco claros al psicologizarse erróneamente la
conducta de los niños. Intentando comprenderla olvidamos
enseñar también que en la vida hay derechos y obligaciones
y que si el niño hace algo que no debe, no solo hay que entender
por qué lo hizo sino que también se le debe señalar
lo incorrecto; y así enseñarle que no debe volver
a hacerlo. Pues si no, no entenderá que si la maestra le
manda deberes, es su obligación hacerlos más allá
de que tenga ganas o no, simplemente es su deber; y que si no cumple
con su tarea obtendrá una "justa" mala nota. Actualmente
se cree que las sanciones son sinónimo de autoritarismo,
sin embargo, en su justa medida, resultan un mecanismo útil
a la hora de señalar lo correcto de lo incorrecto.
Es importante recordar que los padres no son amigos de sus hijos,
ni sus pares. Su rol es educar, formar y ser ejemplo. Cuando el
padre dice un "NO" le da al hijo herramientas para su
futuro inmediato y al mismo tiempo le ofrece también el "SI"
de lo que puede hacer. Los límites deben estar impuestos
desde afuera, llámese padres, colegio, club, etc. y de este
modo junto al "NO" tiene que haber un espacio para dialogar
y explicar al niño el por qué de la inconducta, y
así permitirle que pueda construir él mismo sus propios
límites a futuro.
El énfasis en la cuestión de los límites es
importante porque de ellos depende la aceptación de normas,
reglas y pautas que les permitan desempeñarse exitosamente,
hoy en la escuela, y el día de mañana en sus trabajos.
Sabemos que todo trabajo tiene normas, reglas y pautas de funcionamiento
que deben cumplirse -desde el horario hasta los objetivos trazados
por la organización-. En consecuencia esta capacidad para
autolimitarse es fundamental que sea adquirida de niño, pues
de otro modo difícilmente pueda respetar estas reglas en
su vida adulta.
En síntesis, las familias, colegios y demás adultos
en contacto con los chicos deben asumir sus respectivos roles. Así
encontraremos un modo de evitar la naturalización de la violencia,
de favorecer el proceso de autoconocimiento y personalización
del niño a través de los espacios lúdicos,
alentar la expresión de los afectos, contenerlos, orientarlos
y ayudarlos a resolver sus conflictos mediante el diálogo,
inculcándoles otros valores y fundamentalmente a través
del ejemplo, pues estas son las únicas herramientas que los
chicos tendrán para triunfar en su vida adulta. Por otro
lado, es importante inculcarles la cultura del esfuerzo como medio
necesario y legítimo para el logro de sus objetivos, reconocer
sus esfuerzos, su honestidad, promover la responsabilidad frente
a sus obligaciones y respetar las normas pues esto es y será
el mejor legado que les podrán dejar para su vida futura.ø
Acerca
del Lic. Enrique Ojám
Psicólogo de Niños y adolescentes I MN: 26948.
Diploma de Honor de la Facultad de Psicología, UBA.
Investigador formado de la Universidad de Buenos Aires en la problemática
de jóvenes.
Profesor Concursado de la Facultad de Psicología, UBA.
Profesor del área de Psicología de la Universidad
Nacional de Quilmes.
Autor de Capítulos de libros, Revistas Universitarias y científicas
de la especialidad y revistas de divulgación.
Coordinador de talleres sobre violencia escolar y cohesión
grupal en diferentes colegios.
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