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El
primer punto a considerar es que un vínculo virtual es aquél
que establecen dos o más personas en una sala de chat de
la World Wide Web o comúnmente llamada internet. Esta, desde
el punto de vista tecnológico, "es una red global que
permite la interconexión de computadoras mediante un protocolo
de comunicación. Esto conlleva la capacidad de acceder a
los contenidos textuales y audiovisuales disponibles en las computadoras
conectadas al sistema desde cualquier punto de la red" [1].
Mientras
que el servicio de chat, es una aplicación de software que
se basa en esta tecnología, permitiendo que dos o más
personas puedan intercambiar texto, audio y/o vídeo utilizando
como medio la red global de computadoras conectadas a este sistema.
Las salas de chat suelen ser temáticas y variando sus propuestas
desde los deportes, el sexo, el entretenimiento, etc. hasta temas
políticos, de actualidad, científicos, etc.Es
decir cualquier PC del mundo con acceso a la World Wide Web puede
ser medio para que dos o más personas se contacten virtualmente
de acuerdo a sus intereses.
Este
sistema tiene usos ilimitados, por lo que la cuestión presenta
cierta complejidad.
En un principio tenemos dos posibilidades; pensar en un chat destinado
a profesionales, en el cuál, por ejemplo, dos médicos
-uno de Canadá y otro Argentino- pueden utilizar periódicamente
esta vía para intercambiar nuevos hallazgos en la investigación
contra el cáncer. Desde esta perspectiva no podemos decir
-per se- que éstos profesionales tengan dificultades para
vincularse, y por ello lo hacen por medio de internet. Por el contrario
pareciera que usan éste medio de comunicación para
estar actualizados, achicando distancias y abaratando costos; por
otro lado, miles de adolescentes de diferentes partes del mundo
pasan largas horas diariamente en salas de chat como su "programa
del sábado por la noche". Desde este punto de vista
la cuestión merece ser pensada más allá del
acto comunicativo.
En
la actualidad encontramos una serie de transformaciones en las significaciones
imaginarias sociales que, entre varias otras mutaciones, encontramos
que los vínculos que se establecen hoy en día tienden
a ser más lábiles y efímeros. Como describe
Lipovetsk [2], estas transformaciones producen
subjetividades centradas sobre si mismas, preocupadas por el placer
y la realización personal a través del consumo.
El aislamiento, la labilidad de los lazos sociales y la sensación
de vacío parecen caracterizar al individuo de fines del siglo
XX y principios del siglo XXI.
Asimismo
se puede observar, también, una idea de libertad psicologizada
donde prima el "qué siento" [3]
en el marco de una sociedad fundamentalmente individualista basada
en el tiempo real -como se denomina la noción de temporalidad
que pregona vivir en el "aquí y ahora"-. En este
mismo sentido encontramos que el chateo es una práctica que
presenta como características centrales el anonimato, la
soledad y el individualismo que se imponen al momento que el sujeto
se sienta frente a un monitor. Estas características -singulares
y propias de esta práctica- y crea las condiciones de posibilidad
para que estos vínculos se desplieguen en el terreno de la
premisa "todo, aquí - ahora y ya".
En la mayoría de los casos los usuarios de este tipo de sistema
no saben muy bien lo que buscan en él [4].
Sin embargo miles de jóvenes pasan varias horas por día
en las salas de chat y rara vez contactan con la/s misma/s persona/s
que el día anterior sino que usualmente participan de conversaciones
multitudinarias donde la escena y secuencia del diálogo la
mayoría de las veces queda perdido por la polifonía
de voces, superposición de textos y mensajes cruzados.
La
otra característica saliente es que esas personas conectadas
juegan a un juego de roles donde son lo que dicen ser en ése
momento, sin importar como son afuera del mundo virtual, sólo
importa ese momento. Y desde ese acuerdo tácito despliegan
un vínculo sin importar-cuestionar ni su durabilidad ni su
sinceridad. Aparentemente lo importante en éste juego virtual
es que ambas personas estén jugando al mismo juego. No importa
que una chica no sea la rubia escultural que dice ser, sino que
en ése momento cree serlo y en consecuencia se comporta como
tal. A modo de ejemplo el portal "El Sitio" promocionaba
televisivamente un servicio de contactos personales con una pareja
sentada en un banco de plaza diciendo ella que era Rubia de ojos
celestes y medidas 90-60-90; y él morocho de ojos verdes,
flaco y muy buenmozo. Obviamente distaban mucho de parecerse a la
descripción dada, pero lo eran por ese instante.
En
este punto los interrogantes se renuevan. Habrá que pensar
los efectos en la subjetividad que este tipo de lazo social implica
y también habrá que prestar atención al modo
de posicionarse de cada sujeto frente al otro. Está demás
decir que Internet favorece estos nuevos modos lábiles y
atemporales de vinculación entre las personas. Por último,
queda abierto un nuevo interrogante para continuar pensando ¿Se
establece vínculo con la computadora?.ø
(1)
Bongiovanni, M. "Una nueva forma de comunicación"
en Amado Suárez, A. y Col. Comunicación y nuevas tecnologías.
Las relaciones públicas en internet. Dto. de publicaciones
UCES. Buenos Aires. En Prensa.
(2)
Lipovetsky, Gilles: La era del vacío, Ed. Anagrama, Barcelona,
1983
(3)
Fernández, A. M. "El niño y la tribu" en
Fernández, A. M. y Col. Instituciones estalladas. Ed. Eudeba.
Bs. As. 1999
(4)
Wallace, P. La psicología de internet.
Ed. Paidós. Barcelona. 2001
Acerca
del Lic. Enrique Ojám
Psicólogo de Niños y adolescentes I MN: 26948.
Diploma de Honor de la Facultad de Psicología, UBA.
Investigador formado de la Universidad de Buenos Aires en la problemática
de jóvenes.
Profesor Concursado de la Facultad de Psicología, UBA.
Profesor del área de Psicología de la Universidad
Nacional de Quilmes.
Autor de Capítulos de libros, Revistas Universitarias y científicas
de la especialidad y revistas de divulgación.
Coordinador de talleres sobre violencia escolar y cohesión
grupal en diferentes colegios.
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