|
Quisiera
invitarlos a una reflexión: cuando los niños no aceptan
reglas establecidas, desconocen las necesidades de sus compañeros,
no escuchan a sus maestros, ejercen violencia, etc., lo primero
que es conveniente hacer, es establecer un profundo diálogo
con el maestro, para pensar estrategias conjuntas y coordinadas,
entre familia e institución, para resolver el problema.
Podría suceder que la conducta se encuentre alterada provisoriamente
por algo sucedido en la casa, un cambio importante, excesivo cansancio,
la muerte de un familiar, etc., y se requiera del acompañamiento
y la paciencia de papás y maestros para resolver ese desacomodamiento.
Podría suceder, también, que los problemas de conducta
provengan de la inexperiencia de los papás para ajustar límites,
disponer de los tiempos que los chicos necesitan para ser escuchados,
la interferencia de parientes en el vínculo, preocupaciones
laborales o económicas, etc.
A veces el acostarse siempre tarde, o las tareas excesivas, la falta
de horarios organizados, incrementan el malhumor y la irritabilidad
y predisponen conductas agresivas en el niño.
Es en todas estas circunstancias u otras, que el maestro tiene que
pensar estrategias para enfrentar los problemas que se plantean,
siempre contemplando las diferentes personalidades de los alumnos,
ya que, por ejemplo, hay niños que por su naturaleza requieren
de una intensa actividad física y otros disfrutan más
de tareas artísticas o intelectuales.
Pero sea lo que fuere, que altere la conducta del niño, es
aconsejable que en una primera instancia y por un lapso sostenido
de tiempo, se intenten distintas intervenciones pedagógicas
que proponga el colegio conjunta y dialogadamente con los padres,
para que el trabajo propuesto por la institución se continúe
en la casa. Esta tarea requiere la observación, la reflexión
en padres y docentes. La escuela necesita confiar en sus herramientas
para educar y los padres necesitan confiar en el conocimiento que
tienen de sus hijos y las cosas que le pasan y en los valores que
les transmiten.
Si después de estos intentos, no se nota mejoría en
el problema, habría que acudir a una consulta psicológica.
Esta puede consistir en orientar a padres e institución sobre
qué recursos se pueden implementar para resolver el inconveniente,
o bien, llegado el caso, en última instancia, previo psicodiagnóstico,
dar comienzo a un tratamiento.
Pero no hay que perder de vista y siempre hay que recordar, que
la tarea de sostén amoroso y los valores fundamentales, son
brindados por la familia y esta no tiene reemplazo; así como
la tarea educativa y formadora es de la escuela y la tarea orientadora
y curativa del psicólogo.
Todos tienen una responsabilidad que asumir y, en lo posible y para
bien del niño, la tarea debe complementarse y desarrollarse
en armonía.ø
Acerca
de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica
Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones de las
Técnicas Psicoanalíticas, Psicoterapéuticas
y Diagnósticas. (Universidad de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.
|