¿Por qué es tan difícil poner límites hoy?
UNA MIRADA SOCIO-HISTÓRICA

Por Lic. Enrique Ojám - Terapeuta de niños/adolescentes


El Lic. Enrique Ojám continúa profundizando este tema con la intención de mostrar la complejidad que encuentran los padres hoy día para establecer límites claros en los niños.

 

Anteriormente dábamos cuenta de la importancia de los límites en los niños, su razón de ser y qué les aportaban en su proyecto educativo. Entre otras cosas, decíamos que los límites les permitían a los chicos adquirir pautas y normas de funcionamiento que iban a permitirles desenvolverse eficazmente en su vida adulta. Además decíamos que estos eran un instrumento de formación vital donde se les enseñaba qué era posible y qué no, en determinados contextos. Nadie puede hacer lo que se le viene en gana en cualquier momento, porque toda sociedad tiene establecido lo que esta permitido y lo que no; y que a partir de respetarlo es posible vivir integrado en ella. Por otro lado, también decíamos que hoy día impera un discurso donde retar o castigar a los niños -utilizando criterios racionales- les genera dolor, displacer, baja autoestima. Pero en realidad estos "No", además de enseñarles pautas de conducta, también les enseña a tolerar pequeñas frustraciones y soportar situaciones dolorosas, preparándolos para que en su vida futura puedan sobrellevar este tipo de situaciones -de las que nadie esta exento- del modo más adecuado y evitando así posibles desbordes emocionales en el futuro, que no podrían manejar dada su magnitud.

Ahora bien, aunque en términos generales todos estamos de acuerdo con lo antes dicho, sigue siendo muy difícil en muchos casos establecer límites claros y precisos en los chicos de un modo equilibrado. La idea aquí es mostrar por qué esto ocurre a diario en numerosas familias. Para entender esto debemos mirar las condiciones en que se vive actualmente. Por enumerar algunas, encontramos discursos que apuntan al placer continuo; otros, a una vida demasiado acelerada donde todo debe ser ya, aquí y ahora; como también aquellos discursos que tienden a mostrar que las reglas son para los tontos; entre otros.
Este particular momento socio-histórico en que nos toca educar tiende a vulnerabilizarnos constantemente. En primer lugar debemos entender que vulnerable no es solo aquel que no tiene dinero para comer. Vulnerable es todo aquel que por una u otra razón se ve disminuido en el uso de alguna de sus facultades. En este sentido creo que de un modo u otro la cantidad de horas que los/el padre/s debe/n trabajar para conseguir un bienestar económico para la familia lo/s vulnerabiliza en otros sentidos. Por mencionar el más habitual, muchos padres sienten culpa respecto de sus hijos por el tiempo que no les pueden dedicar, en este sentido se les hace muy difícil poner límites, y si los establecen muchas veces no serán claros y precisos, pues ante la culpa tienden a pensar "pobrecito, no estoy en todo el día y me la paso retándolo".
Asimismo también es común encontrar padres que están muy absorbidos por problemas laborales o con preocupaciones de otra índole con las que se ven desbordados, generando de este modo situaciones de poca tolerancia y mal humor frente a las demandas de sus hijos. Aunque sea obvio, vale decir que los hijos son ajenos a estas situaciones y lo deben ser. Retos desmedidos no hacen más que confundir a los niños respecto de las normas a seguir. Por ejemplo, si ayer lo dejé jugar después de cenar y hoy no lo dejo -sin que medie una razón para ello- estamos siendo contradictorios respecto de lo permitido y lo no. Esta forma de poner límites -y en tantos otros casos- tienden a estar circunscriptos al humor de los padres sin razones claras, confundiendo así a los chicos. También en estos casos suelen generarse situaciones donde el reto tiende a ser desmedido respecto del accionar de los chicos, por ejemplo penitencias extremadamente severas por situaciones cotidianas, donde un simple reto bastaría.

Otra cuestión que se puede observar habitualmente son altos niveles de ansiedad en los chicos. Estos niveles de ansiedad en muchos casos son el reflejo de los niveles de ansiedad que se observan en los padres y en toda la sociedad en general. Estos niveles de ansiedad tienen que ver con un modo de conducirse -propio de los centros urbanos- donde parece que la vida -y todo en ella- se debe resolver en un minuto, todo debe ser ya. En muchos casos este ritmo de vida repercute en los chicos llevándolos a estos niveles de ansiedad donde la velocidad y celeridad en la que se desenvuelve todo genera pautas de conducta inapropiadas y difíciles de manejar porque tanto los padres como los chicos quedan subsumidos a ellas, impidiéndoles generar tiempos de espera y por consiguiente de reflexión para evitar así conductas impulsivas, que son las que en la mayoría de los casos llevan a los chicos a cometer inconductas.
También no es raro encontrar a muchos padres que se contradicen y desautorizan mutuamente, uno retándolo por algo y el otro permitiéndoselo. Esta situación puede darse siempre del mismo modo o una vez ser uno y otra vez ser el otro. Los acuerdos parentales respecto de la crianza son vitales para que los chicos siempre reciban el mismo discurso, pues ambos son referentes para ellos en el proceso de crianza.
Otra cuestión que aparece con frecuencia en el consultorio respecto de la dificultad que muchos padres encuentran para establecer límites, es que ambos padres se ven obligados a salir a trabajar y los chicos son criados por abuelas o personal doméstico. Si bien ambos casos no son comparables, sí presentan una característica en común, no son los padres quienes están la mayor cantidad de tiempo con sus hijos. En este caso es importante que quienes estén a cargo de los chicos mientras los padres no están sepan cómo quieren éstos que se los cuide, y específicamente cómo quieren que se rete a los chicos y ante qué cosas. Es por ello que es muy importante que tanto padres, chicos y quienes los cuidan tengan claro qué rol ocupa cada uno. Es decir, los chicos pueden quedar al cuidado de estas personas, pero no se les debe asignar el rol de crianza.
Por último, encontramos aquellas situaciones en las cuales los padres, tal como se pregona en los discursos de la actualidad, no pretenden ser molestados, pues en ese momento sus intereses están puestos en otra actividad. Un ejemplo de ello es un artículo publicado en la revista del diario La Nación donde se plantea qué hacer con los hijos durante el mundial para que no molesten durante los 48 partidos que se jugarán. Esta postura, obviamente, se basa en una pauta cultural donde se tiende a resolver fácilmente situaciones complejas pensando únicamente en el momento sin perspectiva de proyecto de crianza. Estas soluciones "patean" problemas, siendo extremadamente permisivos, que luego serán abordados ante el malestar de los padres cuando la situación los desborde.

Todas estas situaciones muestran aquellas vulnerabilidades propias de los padres al momento de educar, pues no somos ajenos a los tiempos que se viven. En consecuencia, para poder establecer límites claros y precisos, debemos poder realizar dos cosas que, aunque obvias, no siempre se dan: Tener un proyecto de educación para nuestros hijos; y comportarnos racionalmente.
Comencemos por la última de estas dos cuestiones, comportarnos racionalmente. Vale recordar en primer lugar que lo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad pensante. Todos sabemos que si un tigre tiene hambre sale a cazar hasta saciar su hambre, es decir actúa por impulso. En las situaciones descriptas anteriormente se puede observar que el modo de accionar de los chicos y sus padres es por impulso. La diferencia entre las conductas impulsivas de aquellas racionales básicamente esta en la posibilidad de medir y calcular la consecuencia. Cuando uno medita y decide con conciencia de su accionar puede saber qué pretende. El pretender implica -o debería implicar- coherencia y esto es lo que más necesitan los chicos hoy en día. El bombardeo de estímulos que reciben diariamente y la diversidad de discursos a los que se ven sometidos en los distintos ámbitos donde circulan no hace más que confundirlos, perjudicando de este modo la internalización de pautas y rutinas de comportamiento adecuadas a su edad. De este modo al ser racionales le damos sentido a nuestras conductas y se la estamos dando a ellos al mismo tiempo.

Por otro lado, educar a un hijo es muy complejo pero sencillo a la vez, tiene que ver con imaginarnos cómo queremos que sea nuestro hijo cuando tenga 20 o 30 años. Seguramente este tendrá su propia singularidad, inalterable, pero la impronta familiar dejará su marca combinándose con ésta. Al uno tener una idea clara de lo que pretende de su hijo y siendo racional en las decisiones que uno tome -por más mínimas que sean- estará dando cuenta de un proyecto que dará sus frutos a largo plazo. En este proyecto sin duda, uno volcará ilusiones y esperanzas e intentará que todo lo que reciba su hijo apunte en este sentido.

Considerando que se educa desde el ejemplo, pues uno no puede pretender que su hijo haga lo que uno no hace, es importante estar advertido de las propias vulnerabilidades.
Al ser uno el guía del proceso de crianza debe también mirarse a sí mismo con el objetivo de tener conciencia de la imagen que uno les está dando, como también de las propias limitaciones. De este modo uno también está saciando necesidades afectivas, porque decir no es un modo de estar presentes; de estar atentos y esto es lo que el chico necesita. Lo que uno siempre debe tener presente es que somos responsables de su formación, su crianza y la transmisión de valores. En definitiva somos responsables de ellos.
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Acerca del Lic. Enrique Ojám
• Psicólogo de Niños y adolescentes I MN: 26948.
Diploma de Honor de la Facultad de Psicología, UBA.
Investigador formado de la Universidad de Buenos Aires en la problemática de jóvenes.
Profesor Concursado de la Facultad de Psicología, UBA.
Profesor del área de Psicología de la Universidad Nacional de Quilmes.
Autor de Capítulos de libros, Revistas Universitarias y científicas de la especialidad y revistas de divulgación.
Coordinador de talleres sobre violencia escolar y cohesión grupal en diferentes colegios.

Notas relacionadas:
» La naturalización de la violencia: 'El problema de la falta de límites'

 

27 DE DICIEMBRE DE 2007
EVA GONZALEZ - 38 AÑOS
ACTIVIDAD: EMPLEADA

SU COMENTARIO:
Es muy difícil para nosotros que ya somos padres grandes, pero también lo veo con los padres jovenes. El ambito donde se desarrollan a diario es muy consumista y competitivo. Ya sea entre sus amigos, la televisión, la familia etc. se vive a ritmos imposibles. Creo que de la unica forma posible de poder tranquilizarnos todos, sería vivir en el medio del campo si nada que desear, ni copiar más que la paz.