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Para
los que comienzan el jardín, es el descubrimiento de un mundo
fuera de la casa y cómo estar sin mamá.
Para
los que empiezan preescolar, el fin del jardín, con la despedida
de un mundo más ligado al juego y la diversión.
Los
chicos de primer grado con la expectativa y, por qué no,
el susto de una responsabilidad y exigencia mucho mayores. Va a
enfrentar el desafío de la lecto-escritura, que abrirá
en sus mentes un sinfín de posibilidades.
Los
chicos de primaria con sus cambios de maestros, sus compañeros
nuevos, el reencuentro con los amigos y los planes para mejorar
el estudio.
Un
capítulo aparte; los chicos de séptimo, que se despiden
de la primaria y, con ella, de una forma de comportarse, de ver
el mundo, de ser. Dejan un mundo conocido y tolerante por otro excitante
y temido: la adolescencia. Séptimo y sus preparaciones para
los ingresos, el viaje de egresados, la fiesta de fin de año.
Ahora ellos son los grandes del colegio.
La
vuelta al colegio y miles de historias diferentes en cada situación;
pero lo que quiero rescatar, es que todas tienen en común
la adaptación a lo nuevo. Especialmente válido para
aquellos que inician el jardín, primer grado y los chicos
de séptimo.
Ante todos estos cambios es necesario ser flexibles; esto significa
poder esperar los tiempos necesarios para adaptarse a lo nuevo.
Adaptarse no es pasar de una cosa a otra como si nada, implica "quiero
y no quiero", "ahora sí-ahora no", "confío
en mí-no creo nada". Sentimientos opuestos, ganas y
no ganas.
Es
importantísimo tolerar sin críticas esta ambivalencia
normal, esperable y sana. Lo lógico es que cuando los chicos
(o adultos), pasan a algo nuevo, duden y necesiten hablar de estas
dudas, de sus temores. Ser escuchados sin censura y así,
de a poco, animarse a hacer el pasaje, acompañados y comprendidos.
No es bueno apurar procesos; aunque cueste, nos lleve más
tiempo y paciencia, hay que tratar de esperar. Si se dejan fluir
las emociones, finalmente se acepta lo nuevo. Supongamos que saltamos
de una orilla a otra y, cuando estamos en el aire donde perdimos
pie en lo anterior y no llegamos todavía a lo nuevo; si en
ese momento nos pidieran seguridad, claridad y calma, sería
imposible.
Si
acompañamos a los chicos en sus "saltos en el aire",
sin apurarlos a llegar al otro lado, seguro llegarán sanos
y salvos.ø
Acerca
de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica
Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones de las
Técnicas Psicoanalíticas, Psicoterapéuticas
y Diagnósticas. (Universidad de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.
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