La vuelta al colegio
Poder esperar los tiempos necesarios para adaptarse a lo nuevo.

Por Lic. Anahí de González - Psicoanalista de niños

 


Terminan las vacaciones y reaparece el colegio, provocando, en los chicos, distintas ideas y sentimientos
.

 

Para los que comienzan el jardín, es el descubrimiento de un mundo fuera de la casa y cómo estar sin mamá.

Para los que empiezan preescolar, el fin del jardín, con la despedida de un mundo más ligado al juego y la diversión.

Los chicos de primer grado con la expectativa y, por qué no, el susto de una responsabilidad y exigencia mucho mayores. Va a enfrentar el desafío de la lecto-escritura, que abrirá en sus mentes un sinfín de posibilidades.

Los chicos de primaria con sus cambios de maestros, sus compañeros nuevos, el reencuentro con los amigos y los planes para mejorar el estudio.

Un capítulo aparte; los chicos de séptimo, que se despiden de la primaria y, con ella, de una forma de comportarse, de ver el mundo, de ser. Dejan un mundo conocido y tolerante por otro excitante y temido: la adolescencia. Séptimo y sus preparaciones para los ingresos, el viaje de egresados, la fiesta de fin de año. Ahora ellos son los grandes del colegio.

La vuelta al colegio y miles de historias diferentes en cada situación; pero lo que quiero rescatar, es que todas tienen en común la adaptación a lo nuevo. Especialmente válido para aquellos que inician el jardín, primer grado y los chicos de séptimo.
Ante todos estos cambios es necesario ser flexibles; esto significa poder esperar los tiempos necesarios para adaptarse a lo nuevo. Adaptarse no es pasar de una cosa a otra como si nada, implica "quiero y no quiero", "ahora sí-ahora no", "confío en mí-no creo nada". Sentimientos opuestos, ganas y no ganas.

Es importantísimo tolerar sin críticas esta ambivalencia normal, esperable y sana. Lo lógico es que cuando los chicos (o adultos), pasan a algo nuevo, duden y necesiten hablar de estas dudas, de sus temores. Ser escuchados sin censura y así, de a poco, animarse a hacer el pasaje, acompañados y comprendidos. No es bueno apurar procesos; aunque cueste, nos lleve más tiempo y paciencia, hay que tratar de esperar. Si se dejan fluir las emociones, finalmente se acepta lo nuevo. Supongamos que saltamos de una orilla a otra y, cuando estamos en el aire donde perdimos pie en lo anterior y no llegamos todavía a lo nuevo; si en ese momento nos pidieran seguridad, claridad y calma, sería imposible.

Si acompañamos a los chicos en sus "saltos en el aire", sin apurarlos a llegar al otro lado, seguro llegarán sanos y salvos.ø

Acerca de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones de las Técnicas Psicoanalíticas, Psicoterapéuticas y Diagnósticas. (Universidad de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.

 

Esta nota aún no registra comentarios