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El
temor frente a un examen siempre existió. Pero ahora sabemos
que si es muy severo y no se trata puede convertirse en un serio
problema psicológico, explica el doctor Juan Manuel
Bulacio, director de la Fundación de Ciencias Cognitivas
Aplicadas (Iccap) y jefe de la Sección de Ansiedad y Estrés
del Hospital Francés.
Según
el psiquiatra, ese miedo puede formar parte de una patología
ansiosa (como el trastorno de ansiedad generalizada o la fobia social)
o depresiva; ser independiente de ella, como un trastorno de aprendizaje,
o constituir un cuadro específico denominado «fobia
a los exámenes».
Estas
distinciones obligan a buscar señales tempranas del trastorno
sin confundirlo con otros. "Esto es crucial -asegura Bulacio-,
porque lamentablemente, los adolescentes casi no llegan a la consulta:
van a profesores particulares. Los padres nos convocan cuando el
chico ya repitió de año o se descompone antes de un
examen y no lo da; es decir, cuando ya hay una evitación
constante de la situación fobígena."
Pero
no rendir un examen no es la única forma de escapar de la
sensación de ser evaluados que tienen estos sujetos. Bulacio
explica que "una modalidad de escape muy habitual es no estudiar
nada: al no tener ninguna expectativa, no hay ansiedad".
Otra
forma que adopta esta fobia es la de la inhibición. Es el
caso del chico que "se sabe todo, pero cuando llega al examen,
la ansiedad lo arrasa, se bloquea y no puede responder nada",
refiere el especialista.
La
licenciada Laura Coccia, secretaria de la comisión directiva
de la Asociación Ayuda para el Tratamiento de los Trastornos
de Ansiedad, explica que los dos signos de alerta que deben motivar
a los padres a una consulta son por un lado, "la evitación:
"corre la fecha" del examen, se enferma ese día,
etcétera, y por otro, cuando sí va a rendir, pero
la mente se le queda en blanco y le va mal".
La
mirada de los otros
Contra
lo que se supone, no todos los que padecen fobia a los exámenes
son tímidos. "El tímido en general siente la
amenaza en relación a sus pares -explica el doctor Bulacio-.
En cambio, en la fobia a los exámenes el temor es a ser evaluado
por la autoridad. Pero muchos tímidos tienen muy buena performance
académica."
Tampoco
es siempre cierto que "se ponen nerviosos, porque no saben",
porque "la ansiedad proviene de la percepción subjetiva
de lo que saben, que siempre es negativa".
En
esta fobia el miedo es mayor en los exámenes orales, sobre
todo en los casos de ansiedad social, en los que el temor a hablar
en público suele ser la continuación adulta de esta
fobia. Pero "en los pacientes obsesivos - refiere la licenciada
Coccia- el bloqueo se da con los tests tipo múltiple choice,
que se desesperan al no poder decidir entre respuestas muy similares".
Quienes
padecen esta fobia tienen características comunes: altas
exigencias con respecto a sus estándares personales, perfeccionismo,
preocupación desmedida por los errores y gran vulnerabilidad
a las críticas. Como bajo este trastorno se ocultan déficits
de autoestima, Bulacio recomienda a los padres que fomenten en sus
hijos la confianza, la percepción de la eficacia de sus acciones
y el juicio crítico.
"Esto
no sucede -estima el psiquiatra- si un padre refuta o descalifica
las opiniones de su hijo. Nuestras opiniones son para ellos mucho
más valiosas que lo que creemos."
Por
su parte, la licenciada Coccia asegura que los padres deben "desdramatizar
la situación de estudio, no estarles encima, pero sí
organizarles el horario y la forma de estudiar para que estudien
sólo cuando están concentrados".
Recursos
personales
En
el Iccap, este trastorno se aborda en programas de ocho encuentros,
en los que se trabaja la valoración de la situación,
el desarrollo de recursos personales como la oratoria. "La
idea es que salgan de la autoobservación que los paraliza,
porque siempre es negativa, y se concentren en el estímulo
externo: el objeto de estudio."
También
se identifican las situaciones que provocan respuestas neurovegetativas
(sudoración, taquicardia), se las imagina, se las reproduce
y se las controla con técnicas de relajación y respiración,
entre otras.
En
la Asociación Ayuda para el Tratamiento de los Trastornos
de Ansiedad (con un enfoque también cognitivo conductual),
Coccia utiliza las sesiones individuales para reconstruir la idea
del significado del examen, las creencias erróneas acerca
de cometer errores y se realizan diferentes tareas.
"Por
ejemplo -explica la psicóloga-, hacemos que preparen parte
de lo que tienen que estudiar, y cuando lo aprendieron viene un
terapeuta que hace de docente y les toma el exámen."
El
trastorno puede revertirse -a veces, con ansiolíticos en
una primera etapa- en un plazo que va de los seis meses a los dos
años.ø
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