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Ellos se acercan
a tres duelos importantes:
Por su cuerpo infantil que ya ha comenzado a transformarse irreversiblemente.
Por sus papás de la infancia a quienes hasta entonces creía
todopoderosos e invencibles y ahora mirará con más
realismo.
Por su indefinición sexual ya que irá asumiendo una
identidad más definida como hombre o mujer, a través
de su maduración y de la posibilidad de ser fértil.
Estos duelos
ocupan, consciente o inconscientemente su mente, y a la vez tienen
que adaptarse a grandes cambios: programas de estudio diferentes,
un profesor por materia, orientarse vocacionalmente, ingreso a una
nueva institución, etc. Su inseguridad se manifiesta en diversas
conductas: desgano para estudiar, somnolencia, comer en exceso,
irritabilidad, llanto fácil, encierro, dificultad para concentrarse,
etc. Un mundo creativo, lleno de personajes fantásticos,
muñecos y magia se va transformando en otro más difícil
del cual no se conocen las reglas.
Como papás
también tenemos nuestros duelos:
El perdido cuerpo infantil de nuestros hijos que con sus cambios
nos plantea nuevos interrogantes: cómo acercarnos físicamente,
qué información sexual brindarle, nuevas reglas de
convivencia, etc.
Por nuestra propia adolescencia, que a través de nuestros
hijos, revivimos, con aquellas cosas que en ella pudimos, o no,
realizar.
Por el paso del tiempo, ya que su crecimiento nos enfrenta a nuestra
edad y a un balance de lo hecho hasta aquí.
De todo este proceso entre padres e hijos, quisiera destacar tres
temas:
1. Es el referido
a intentar no depositar en nuestros hijos todos aquellos ideales
que no pudimos llevar adelante en nuestra propia adolescencia: viajes,
conquistas amorosas, estudios especí-ficos, vocación
artística, etc.
2. Aquí
quisiera contarles que desde tiempos remotos, existieron los que
se llaman ritos de iniciación del adolescente, por los cuales
se sometía a los púberes, como bienvenida a la adultez,
a todo tipo de mutilaciones físicas o sufrimientos psíquicos.
En el siglo XXI, estos ritos, que son formas de ataque del mundo
adulto al joven, por envidia de sus posibilidades o capacidad, pueden
tomar otras formas más civilizadas, por ej.: someterlos a
presiones intelectuales excesivas, abrumarlos con iniciaciones sexuales
prematuras, empujarlos a asumir responsabilidades para las cuáles
no están preparados y, por qué no, modernas mutilaciones
como son algunas innecesarias cirugías estéticas.
3. Reflexionar
acerca de la posibilidad de permitir que los chicos crezcan en familia.Desprenderse
no es quedarse solo, sin la protección y el acompañamiento
de padres, hermanos y familiares. Más que nunca, por la crisis
que el joven atraviesa en esta etapa, necesita de la contención
de una amorosa red familiar que contrarreste su miedo y los ataques
de la sociedad hacia él.
El desafío
será brindarles, después de la primaria, donde seguramente
se sintieron protegidos y con derecho a ser niños, un espacio
igualmente protegido, donde sin apuro, ni exigencias desmedidas,
puedan elaborar sus duelos y resolver sus temores a crecer.ø
Acerca
de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica
Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones de las
Técnicas Psicoanalíticas, Psicoterapéuticas
y Diagnósticas. (Universidad de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.
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