Fin de la primaria
UN MOMENTO DE CRISIS

Por Lic. Anahí de González - Psicoanalista de niños

 


Cuando el ciclo primario llega a su fin, muchos son los desafíos que enfrentaremos como padres y tantos otros los que tendrán que resolver nuestros hijos.

 

Ellos se acercan a tres duelos importantes:

Por su cuerpo infantil que ya ha comenzado a transformarse irreversiblemente.
Por sus papás de la infancia a quienes hasta entonces creía todopoderosos e invencibles y ahora mirará con más realismo.
Por su indefinición sexual ya que irá asumiendo una identidad más definida como hombre o mujer, a través de su maduración y de la posibilidad de ser fértil.

Estos duelos ocupan, consciente o inconscientemente su mente, y a la vez tienen que adaptarse a grandes cambios: programas de estudio diferentes, un profesor por materia, orientarse vocacionalmente, ingreso a una nueva institución, etc. Su inseguridad se manifiesta en diversas conductas: desgano para estudiar, somnolencia, comer en exceso, irritabilidad, llanto fácil, encierro, dificultad para concentrarse, etc. Un mundo creativo, lleno de personajes fantásticos, muñecos y magia se va transformando en otro más difícil del cual no se conocen las reglas.

Como papás también tenemos nuestros duelos:
El perdido cuerpo infantil de nuestros hijos que con sus cambios nos plantea nuevos interrogantes: cómo acercarnos físicamente, qué información sexual brindarle, nuevas reglas de convivencia, etc.
Por nuestra propia adolescencia, que a través de nuestros hijos, revivimos, con aquellas cosas que en ella pudimos, o no, realizar.
Por el paso del tiempo, ya que su crecimiento nos enfrenta a nuestra edad y a un balance de lo hecho hasta aquí.


De todo este proceso entre padres e hijos, quisiera destacar tres temas:

1. Es el referido a intentar no depositar en nuestros hijos todos aquellos ideales que no pudimos llevar adelante en nuestra propia adolescencia: viajes, conquistas amorosas, estudios especí-ficos, vocación artística, etc.

2. Aquí quisiera contarles que desde tiempos remotos, existieron los que se llaman ritos de iniciación del adolescente, por los cuales se sometía a los púberes, como bienvenida a la adultez, a todo tipo de mutilaciones físicas o sufrimientos psíquicos. En el siglo XXI, estos ritos, que son formas de ataque del mundo adulto al joven, por envidia de sus posibilidades o capacidad, pueden tomar otras formas más civilizadas, por ej.: someterlos a presiones intelectuales excesivas, abrumarlos con iniciaciones sexuales prematuras, empujarlos a asumir responsabilidades para las cuáles no están preparados y, por qué no, modernas mutilaciones como son algunas innecesarias cirugías estéticas.

3. Reflexionar acerca de la posibilidad de permitir que los chicos crezcan en familia.Desprenderse no es quedarse solo, sin la protección y el acompañamiento de padres, hermanos y familiares. Más que nunca, por la crisis que el joven atraviesa en esta etapa, necesita de la contención de una amorosa red familiar que contrarreste su miedo y los ataques de la sociedad hacia él.

El desafío será brindarles, después de la primaria, donde seguramente se sintieron protegidos y con derecho a ser niños, un espacio igualmente protegido, donde sin apuro, ni exigencias desmedidas, puedan elaborar sus duelos y resolver sus temores a crecer.ø

 

Acerca de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones de las Técnicas Psicoanalíticas, Psicoterapéuticas y Diagnósticas. (Universidad de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.

 

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