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Por
eso, pensé en dar indicadores observables que sí o
sí, no hay que pasar por alto y merecen una consulta, fundamentalmente,
si no desaparecen espontá-neamente en poco tiempo o se repiten
una y otra vez.
Indicadores:
Un niño que no juega: jugar es como respirar para un niño,
por lo tanto es un termómetro ultrasensible a la hora de
detectar conflictos. Por juegos me refie-ro a: juegos de imitación
de personajes, de asumir diferentes roles (mamá, papá,
etc) con juguetes, objetos, juegos de mesa, de computadora, Play
Sta-tion, juego deportivos, de actividad (bicicleta, patineta, etc)
Un niño convierte cualquier cosa en juego. Esto es lo esperable.
Trastornos
en la alimentación: un niño que generalmente se alimenta
con in-terés, pierde súbitamente el deseo de comer
(sin presencia de enfermedad orgánica) y persiste en esta
actitud. Obesidad: en este caso es indispensable a menos que se
trate de un trastorno hormonal o de otra causa orgánica.
Trastornos del sueño: Insomnio: entendiendo por ello al niño
que se resiste a dormir, no aquel que le gusta quedarse hasta tarde,
también si suele desper-tarse durante la noche con pesadillas
y esto se torna habitual. Otro trastorno es el dormir en exceso,
esto quiere decir que se desinteresa del entorno y só-lo
quiere estar en la cama durmiendo, o cuesta mucho despertarlo habiendo
descansado lo suficiente.
Fracaso escolar: este es un indicador, siempre y cuando la dificultad
no se manifieste solamente en algunas áreas (matemática,
lengua, etc) sino que se ha generalizado como imposibilidad de aprender.
Es fijo y evoluciona poco o no evoluciona con ayuda.
Problemas
de conducta: imposibilidad de concentrarse en ningún área,
esto sumado o no a una inquietud crónica. Violencia física
y/o verbal reiterada, hacia sus compañeros o adultos. Aquí
englobamos también crueldad con las mascotas.
Accidentes
a repetición: el niño, permanentemente, se lastima
en accidentes casuales. También tener en cuenta el niño
que está en situación de riesgo constante (jugar con
electricidad, subirse a lugares peligrosos, manipular ob-jetos con
los que puede lastimarse o quemarse, etc)
Enuresis
y/o encopresis (hacerse caca encima) más allá de los
cinco años cumplidos y no en forma esporádica.
Enfermedades
físicas sin causa orgánica justificada: el niño
está siempre en-fermo; puede ser una misma enfermedad, ej:
bronco espasmo, o cada vez es una enfermedad distinta. En general
interfiere su vida escolar y social y pue-den no mejorar con el
tratamiento médico.
Masturbación compulsiva: por esto comprendemos no un tocamiento
de los genitales con una finalidad de placer o exploratorias, sino,
algo que el niño no puede evitar realizar en general en cualquier
ocasión en que se encuentra.
Miedos
y fobias: el miedo y los temores son normales en la niñez,
pero si li-mitan la vida familiar, escolar o social de un niño,
necesitamos ayudarlo.
Robos
y mentiras reiteradas
Retracción extrema en sus vínculos sociales: el niño
nunca manifiesta placer o necesidad de estar con otros niños,
se lo ve ensimismado, como ausente.
Puede
haber otras circunstancias en que haya un deseo de ayudar a un niño
y hacer una consulta, y esto generalmente es muy positivo; pero
estos indicadores sirven para pensar donde no hay que dudar en la
necesidad de hacerlo. Porque en estos casos hay un verdadero sufrimiento
en el cual es imprescindible intervenir.ø
Acerca
de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica
Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones de las
Técnicas Psicoanalíticas, Psicoterapéuticas
y Diagnósticas. (Universidad de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.
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