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La meta no es formar campeones de ajedrez, sino utilizar el juego
como un instrumento valioso para desarrollar habilidades y competencias
básicas en el proceso de aprendizaje. Se trata, así,
de aprender a pensar, desarrollar las capacidades de abstracción,
observación y anticipación, la estrategia, la memoria,
la concentración, la toma de decisiones y el respeto a las
reglas, entre otros recursos no siempre estimulados y desplegados
por los docentes y los chicos en las aulas.
Con
los flojos rendimientos que la educación argentina exhibe
en las evaluaciones internacionales, que la ubican en los últimos
puestos en lectura, matemática y ciencia, según los
resultados del examen PISA 2006, el desarrollo de una herramienta
destinada a fortalecer las múltiples capacidades e inteligencias
de los alumnos puede ser un punto de partida auspicioso.
Los
expositores coincidieron en que se trata de una práctica
que favorece el ambiente escolar y enriquece la convivencia entre
los alumnos. Hay experiencias que muestran que la práctica
del ajedrez contribuye a disminuir los episodios de violencia escolar
y mejorar los rendimientos en otras áreas del conocimiento.
Un
ajedrez viviente
El
pasado 23 de julio los chicos de la escuela primaria Nº 27
del barrio porteño de Villa Urquiza representaron un ajedrez
viviente, en el que asumieron los roles de las figuras.
Participó
del encuentro toda la comunidad educativa de la escuela. Entre otras
asignaturas, trabajaron desde las siguientes: el Área de
Plástica confeccionó el vestuario, Educación
Física coordinó los movimientos, Música elaboró
las canciones. Es importante la participación del personal
de conducción del establecimiento educativo, que promueve
y estimula la realización del taller desde hace cuatro años,
y los profesores de ajedrez, que seleccionaron la partida a representar,
articulándola con los contenidos ajedrecísticos sugeridos
para el segundo ciclo.
Este
tipo de representación donde en lugar de piezas son las personas
las que asumen los roles de las figuras de ajedrez datan de la Edad
Media. Relata la leyenda de la princesa Dilaram, en el cual la joven
que conduce las piezas blancas, ayuda al caballero que conducía
las negras, que estaba jugándose su vida en esa partida de
ajedrez, dado que se había enamorado de él durante
el transcurso del juego.
En
las escuelas se realiza con el objetivo que los alumnos internalicen
las estrategias y los movimientos del juego, convirtiendo esta representación
de tipo teatral en una herramienta didáctica para la enseñanza
de ajedrez.ø
FUENTES:
LA NACION / MINISTERIO DE EDUCACIÓN
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