ADHD, ¿Mito o realidad?
Una mirada socio-histórica sobre el "mal" por excelencia de estos tiempos

Por Lic. Enrique Ojám - Terapeuta de niños/adolescentes


Cuando uno revisa indistintamente los foros de opiniones de padres tanto del sitio www.buscandocolegio.com.ar como de otros, abundan consultas de niños con diagnósticos de problemas de atención. ¡Tantos chicos medicados!.

 

Primero un poco de información básica, el ADHD o el ADD son siglas que en inglés refieren a un déficit atencional con o sin hiperactividad. Este trastorno es descubierto hacia fines de los años 80s en Estados Unidos y se refiere a niños o adultos que carecen de la capacidad de sostener la atención en determinada acción por un tiempo prolongado. Según científicos se debe al déficit de un grupo neuronal, es decir, es de orden neurológico. Por último, este trastorno tiene por particularidad que la merma atencional no tiene raigambre en otro trastorno de índole emocional.
No podemos desconocer la existencia del trastorno, pero si ante tanta consulta, debemos abrir los ojos frente a la gran cantidad de diagnósticos de Déficit Atencional. Usaré la metáfora computacional para explicarlo. Podríamos decir que la cabeza del ser humano -no importa la edad- es como una computadora. En consecuencia si la computadora debe procesar mucha cantidad de información al mismo tiempo, en el mejor de los casos tarda, y en muchos otros se cuelga. Con las personas pasa lo mismo. Cuando un adulto que está haciendo muchas cosas al mismo tiempo tiende a olvidarse de algunas, nadie dice que tiene un déficit atencional, por el contrario tendemos a decir que estamos estresados o vulgarmente, con la cabeza quemada. Entonces ¿por qué cuando un chico presenta algún tipo de conflicto emocional u otro tipo de problemática decimos que tiene un déficit atencional?

La cabeza del niño opera igual que la del adulto, si su energía intrapsíquica debe abocarse a tramitar cuestiones familiares, a lidiar con su baja autoestima, conflictos con sus pares, etc. Es lógico que merme su capacidad atencional.
Además, no todos tenemos la capacidad de procesar información a la misma velocidad.
Ahora bien, este problema surge cuando en los colegios un chico no entra dentro del standard descripto en las normativas escolares. A simple vista pareciera que los colegios no están preparados para atenderlos, en consecuencia surge la inmediata derivación a gabinete. Derivación que por parte del chico es vivida como el peor de los castigos -el gabinete hoy es puesto en el lugar de sanción, más que de ayuda y así lo perciben los chicos-. ¿Son las familias que depositan demasiado en la escuela o son las escuelas/docentes que reciben una preparación muy básica? ¿Son los tiempos que corren?. La realidad es que hay un poco de cada cosa…

... como diría mi sabia abuela. Que los padres no tenemos tiempo de dedicación como lo tenía ella hace 85 años es una verdad, pero pareciera que los colegios tampoco lo tienen cuando un chico lo que necesita justamente es a veces otros tiempos.
La realidad es que la celeridad de los tiempos que corren no nos esta permitiendo ver el bosque. Parecería ser que en el apuro solo se percibe el árbol: "el chico no atiende en el aula"; …pastilla para mejorar la atención y a seguir.
Cómo siempre, una mirada socio-histórica nos permitirá visualizar algunas cuestiones. Por ejemplo, mi abuela se dedicaba a criar a sus hijos, es decir el 80% de su atención estaba en ellos, el 20% restante estaba en la casa. Se tomaba por lo menos 2 horas para preparar la cena, amasaba los fideos! Mi abuelo iba a trabajar todas las mañanas de lunes a viernes, como mucho el sábado por la mañana, volvía de trabajar temprano y su sueldo alcanzaba para todo y hasta para ahorrar. Hoy la madre trabaja, llega a las 8 de la noche y cansada en el mejor de los casos, piensa qué puede preparar de comer en el menor tiempo posible, el padre también trabaja y con suerte vuelve a las 9 de la noche también cansado y no se hace cargo de las cuestiones domésticas -discusión con la madre en puerta-. Ambos muy cansados se enfrentan con niños que estuvieron en el colegio primero y luego con alguna abuela/o o alguna niñera y con muchas ganas de estar con ellos. En muchos casos los padres también trabajan sábados todo el día y domingos medio día. Otros tantos viajan por trabajo al interior o exterior del país como si se tratara de ir al centro y volver. La plata no alcanza, las presiones se multiplican y en el rato que queda vamos al shopping para compartir tiempo en familia. Todo se ha ido amoldando a estos tiempos, si la plata no alcanza se creó la tarjeta de crédito, si volvemos tarde de trabajar y no tenemos nada en el freezer pedimos delivery, el shopping nos permite consumir en cualquier horario. La televisión vende consumo instantáneo por felicidad instantánea, etc. Aquí podríamos seguir enumerando muchas de las características de la posmodernidad.
Ahora bien, el colegio sigue siendo "moderno", enciclopedista con métodos de enseñanza que responden a lógicas de tiempos pasados, pero los docentes que lo aplican están subsumidos en lógicas posmodernas. Acá se produce un gran lío. La sociedad exige al niño una lógica y lo forma con otra. Pero el problema radica que en esta sociedad todo aquello que escapa a su norma, no lo sanciona, lo aparta, lo excluye.
Es cierto que aislado de la sociedad no se puede vivir, y que estos son los tiempos que nos tocan para criar a nuestros hijos, y el que a ellos les toca vivir para crecer. Pero en este panorama es clave no subsumirnos en la vorágine de estos días y encontrar equilibrios y tiempos de reflexión.
Frente a este contexto sería interesante parar la pelota, detenernos a ver qué le puede estar pasando a este chico, por qué puede haber mermado su capacidad atencional. Darle y darse el tiempo para ver/escuchar qué le esta pasando. No nos olvidemos que los seres humanos somos todos distintos y cada uno tiene sus tiempos y sus conflictos.
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Acerca del Lic. Enrique Ojám
• Psicólogo de Niños y adolescentes I MN: 26948.
Diploma de Honor de la Facultad de Psicología, UBA.
Investigador formado de la Universidad de Buenos Aires en la problemática de jóvenes.
Profesor Concursado de la Facultad de Psicología, UBA.
Profesor del área de Psicología de la Universidad Nacional de Quilmes.
Autor de Capítulos de libros, Revistas Universitarias y científicas de la especialidad y revistas de divulgación.
Coordinador de talleres sobre violencia escolar y cohesión grupal en diferentes colegios.

 

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