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Primero un poco
de información básica, el ADHD o el ADD son siglas
que en inglés refieren a un déficit atencional con
o sin hiperactividad. Este trastorno es descubierto hacia fines
de los años 80s en Estados Unidos y se refiere a niños
o adultos que carecen de la capacidad de sostener la atención
en determinada acción por un tiempo prolongado. Según
científicos se debe al déficit de un grupo neuronal,
es decir, es de orden neurológico. Por último, este
trastorno tiene por particularidad que la merma atencional no tiene
raigambre en otro trastorno de índole emocional.
No podemos desconocer la existencia del trastorno, pero si ante
tanta consulta, debemos abrir los ojos frente a la gran cantidad
de diagnósticos de Déficit Atencional. Usaré
la metáfora computacional para explicarlo. Podríamos
decir que la cabeza del ser humano -no importa la edad- es como
una computadora. En consecuencia si la computadora debe procesar
mucha cantidad de información al mismo tiempo, en el mejor
de los casos tarda, y en muchos otros se cuelga. Con las personas
pasa lo mismo. Cuando un adulto que está haciendo muchas
cosas al mismo tiempo tiende a olvidarse de algunas, nadie dice
que tiene un déficit atencional, por el contrario tendemos
a decir que estamos estresados o vulgarmente, con la cabeza quemada.
Entonces ¿por qué cuando un chico presenta algún
tipo de conflicto emocional u otro tipo de problemática decimos
que tiene un déficit atencional?
La cabeza del
niño opera igual que la del adulto, si su energía
intrapsíquica debe abocarse a tramitar cuestiones familiares,
a lidiar con su baja autoestima, conflictos con sus pares, etc.
Es lógico que merme su capacidad atencional.
Además, no todos tenemos la capacidad de procesar información
a la misma velocidad.
Ahora bien, este problema surge cuando en los colegios un chico
no entra dentro del standard descripto en las normativas escolares.
A simple vista pareciera que los colegios no están preparados
para atenderlos, en consecuencia surge la inmediata derivación
a gabinete. Derivación que por parte del chico es vivida
como el peor de los castigos -el gabinete hoy es puesto en el lugar
de sanción, más que de ayuda y así lo perciben
los chicos-. ¿Son las familias que depositan demasiado en
la escuela o son las escuelas/docentes que reciben una preparación
muy básica? ¿Son los tiempos que corren?. La realidad
es que hay un poco de cada cosa
... como diría
mi sabia abuela. Que los padres no tenemos tiempo de dedicación
como lo tenía ella hace 85 años es una verdad, pero
pareciera que los colegios tampoco lo tienen cuando un chico lo
que necesita justamente es a veces otros tiempos.
La realidad es que la celeridad de los tiempos que corren no nos
esta permitiendo ver el bosque. Parecería ser que en el apuro
solo se percibe el árbol: "el chico no atiende en el
aula";
pastilla para mejorar la atención y a seguir.
Cómo siempre, una mirada socio-histórica nos permitirá
visualizar algunas cuestiones. Por ejemplo, mi abuela se dedicaba
a criar a sus hijos, es decir el 80% de su atención estaba
en ellos, el 20% restante estaba en la casa. Se tomaba por lo menos
2 horas para preparar la cena, amasaba los fideos! Mi abuelo iba
a trabajar todas las mañanas de lunes a viernes, como mucho
el sábado por la mañana, volvía de trabajar
temprano y su sueldo alcanzaba para todo y hasta para ahorrar. Hoy
la madre trabaja, llega a las 8 de la noche y cansada en el mejor
de los casos, piensa qué puede preparar de comer en el menor
tiempo posible, el padre también trabaja y con suerte vuelve
a las 9 de la noche también cansado y no se hace cargo de
las cuestiones domésticas -discusión con la madre
en puerta-. Ambos muy cansados se enfrentan con niños que
estuvieron en el colegio primero y luego con alguna abuela/o o alguna
niñera y con muchas ganas de estar con ellos. En muchos casos
los padres también trabajan sábados todo el día
y domingos medio día. Otros tantos viajan por trabajo al
interior o exterior del país como si se tratara de ir al
centro y volver. La plata no alcanza, las presiones se multiplican
y en el rato que queda vamos al shopping para compartir tiempo en
familia. Todo se ha ido amoldando a estos tiempos, si la plata no
alcanza se creó la tarjeta de crédito, si volvemos
tarde de trabajar y no tenemos nada en el freezer pedimos delivery,
el shopping nos permite consumir en cualquier horario. La televisión
vende consumo instantáneo por felicidad instantánea,
etc. Aquí podríamos seguir enumerando muchas de las
características de la posmodernidad.
Ahora bien, el colegio sigue siendo "moderno", enciclopedista
con métodos de enseñanza que responden a lógicas
de tiempos pasados, pero los docentes que lo aplican están
subsumidos en lógicas posmodernas. Acá se produce
un gran lío. La sociedad exige al niño una lógica
y lo forma con otra. Pero el problema radica que en esta sociedad
todo aquello que escapa a su norma, no lo sanciona, lo aparta, lo
excluye.
Es cierto que aislado de la sociedad no se puede vivir, y que estos
son los tiempos que nos tocan para criar a nuestros hijos, y el
que a ellos les toca vivir para crecer. Pero en este panorama es
clave no subsumirnos en la vorágine de estos días
y encontrar equilibrios y tiempos de reflexión.
Frente a este contexto sería interesante parar la pelota,
detenernos a ver qué le puede estar pasando a este chico,
por qué puede haber mermado su capacidad atencional. Darle
y darse el tiempo para ver/escuchar qué le esta pasando.
No nos olvidemos que los seres humanos somos todos distintos y cada
uno tiene sus tiempos y sus conflictos.ø
Acerca
del Lic. Enrique Ojám
Psicólogo de Niños y adolescentes I MN: 26948.
Diploma de Honor de la Facultad de Psicología, UBA.
Investigador formado de la Universidad de Buenos Aires en la problemática
de jóvenes.
Profesor Concursado de la Facultad de Psicología, UBA.
Profesor del área de Psicología de la Universidad
Nacional de Quilmes.
Autor de Capítulos de libros, Revistas Universitarias y científicas
de la especialidad y revistas de divulgación.
Coordinador de talleres sobre violencia escolar y cohesión
grupal en diferentes colegios.
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